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Ramsés XI — Alphonse Knightley

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Ramsés XI — Alphonse Knightley

Mensaje por Alphonse. el Miér Oct 09, 2013 10:37 pm

Apodo:
Alphonse Knightley — E.R-3

Nombre:
Ramsés XI

Edad que aparenta:
20 años

Raza:
Zombie

Sexo:
Hombre

Tendencia sexual:
Bisexual —No asumido—

Descripción Física:
Es alto, de aproximadamente 1.85 metros con un peso equivalente de ochenta kilogramos. Posee un cabello tan dorado como el oro, aunque en algunas ocasiones parece más  anaranjado pero todo depende de la luz y del lugar en el que se encuentre. Lo lleva corto, es muy raro verlo con el pelo sobrepasando la nuca, es decir, como lo lleva actualmente. Es liso y sedoso al tacto, pese a que lamentablemente luzca desordenado por el corte desigual. Suele llevar un parche en su ocular derecho dada una cicatriz que atraviesa su parpado, sin embargo cuando desea revelar ambos ojos, se puede apreciar que son de color miel y bastante expresivos. Si quieres saber lo que en realidad está pensando, lo mejor es fijarse en ellos, no en su sonrisa o su expresión, pueden llevar a engaños. Es de tez blanca y suave, al punto que pareciera que la cuida con esmero. Tiene un cuerpo bien formado. Es un muchacho fuerte y algo musculoso pero no hasta el punto que pueda resultar desagradable o demasiado llamativo, sino algo normal y parejo, lo suficiente para mantenerse en forma.

Descripción Psicológica:
Un chico sumamente alegre, que siempre te mostrará una sonrisa y te ayudará en todo lo que pueda, siempre pensando en los demás antes que en el mismo, jovial, divertido y ocurrente, permanentemente buscando que hacer. Pero por el accidente en donde falleció, el cual no ha llorado ni lamentado, se enfrasco más en estos sentimientos, ya que no se ha dado cuenta que por este optimismo insano, hiere a los de su alrededor. Ahora "vive" pensando que mostrar una sonrisa a todos, es como sí todo volviera a la realidad, pero en verdad tiene todo el interior sumido en una depresión del tamaño del mundo.

Por otra parte intenta estar siempre tranquilo, mostrando madures la mayoría del tiempo y para la mayoría de los casos. Usualmente se lo ve centrado respecto a lo que quiere y le importa, por eso algunas veces se lo puede asociar con alguien distante o en su defecto falso. Ahora cuando realmente la situación amerita una figura de autoridad, también sabe imponerse, siempre y cuando el objetivo sea —bajo su criterio— justo. Después de todo mantiene un ápice de su orgullo junto al polvo azul que corre por sus venas.

Cuando siente cariño hacia una persona, nunca la abandona y permanece a su lado eternamente hasta que la muerte literalmente los separe por el pesar de tratarse de un ser eterno. Es igual que un perro leal y fiel, que siempre estarán a tu lado sin importar que suceda. También es posesivo pero le avergüenza demostrarlo por lo cual en ocasiones tiene pleitos consigo mismo al no saber como actuar.

A su pesar es seguro de si mismo y tiene gran confianza, por eso suele cometer acciones temerarias que pueden embrollarlo en grandes líos. En algunas ocasiones sale a flote su lado infantil por lo cual puede llegar a actuar un poco caprichoso así como inocente —su inocencia puede ser presente sin necesidad de su lado infantil—, su estado de animo al estar molesto puede variar internamente y reflejándolo al tratar de parecer indiferente o expresarlo abiertamente. Ahora sí tocáramos el campo del amor, puede empezar siendo tímido y avergonzarse con facilidad, mas eso no quita que tenga un lado curioso y pueda ser atrevido si se da.

Gustos:
— Parques y jardines
— Obras de teatro
— La música clásica
— Tomar té de rosas
— Servir a los demás
— Aconsejar a otros
— Los halcones
— Piezas egipcias
— Conoces nuevas naciones
— Los deportes extremos
— La felicidad ajena

Odios:
— Sentirse decaído
— Algunos fantasmas
— Los autoritarios
— Quienes carecen de tacto
— Las vulgaridades
— Lo chacales y cocodrilos
— Viajar en auto o avión
— Tecnología muy avanzada
— Tener que estar quieto

Historia:
Menmaatra Setepenptah Ramsés Jaemuaset Mereramón Necherheqaiunu, también conocido como Ramsés IX, fue el último emperador del antiguo Egipto.

Hijo de Sethnajt y comprometido con la reina Isis —aunque nunca se concetró la unión marital—, tuvo un reinado que duró cinco años, siendo el segundo más corto luego del de Ramsés V. La labor iniciada por su padre, años antes, se basaba en el objetivo de poner fin a los momentos de anarquía vividos a la muerte de Siptah. Se dedicó a reorganizar la administración, toda vez que la paz y el restablecimiento del culto ya se habían encaminado, y la corrupción estaba desintegrando el país. Esta reforma determinó la división administrativa en clases: funcionarios palaciegos, funcionarios provinciales, militares y trabajadores.

La economía del país se recuperó rápidamente gracias a la masiva llegada de tributos procedentes de las provincias asiáticas y nubias con cuales el joven Ramsés había hecho grandes lazos a costa de su carisma y personalidad encantadora, y el comercio exterior entró en una etapa de plena vitalidad, llegando a tierras egipcias —especialmente desde el país de Punt— productos elegantes y caros que eran muy demandados por la sociedad. Este desarrollo económico motivó la recuperación de la fiebre constructora, levantándose nuevos templos y enriqueciéndose los ya existentes, alzándose Egipto con la misma fuerza impetuosidad que lo destacó con Ramsés I.

Sin embargo había una falla en su política exterior y esta erradicaba en la zona delta del Nilo cual había recibido una creciente inmigración atraída por una vida más fácil, por lo que durante los primeros dos años de su reinado, Ramsés IX tuvo que hacer frente a dos grupos de pueblos indoeuropeos que se dirigían hacia el Delta. En el año segundo de reinado Ramsés se dirigió hacia Asia para hacer frente a los pueblos del mar. Se produjo una batalla naval en la desembocadura del Nilo, donde fue aniquilada la flota enemiga, y que junto al fortalecimiento de la frontera palestina fue suficiente para evitar la temible invasión de pueblos del mar, de la que difícilmente se hubiera recuperado Egipto. La retirada de los pueblos del mar animó a Ramsés a retomar la colonización asiática emprendida por sus antecesores: Siria es recuperada en parte, tomando cuatro ciudades fortificadas, llegando incluso hasta las regiones del Éufrates.

Pero la alegría duró poco. La frontera libia también era peligrosa, tras una reorganización de los pueblos nómadas que habitaban en esa zona. En el quinto año de su reinado, el ejército libio, deseoso de asentarse en el fértil territorio egipcio, avanzó hacia Menfis; en las cercanías de la ciudad se produjo la batalla, obteniendo el faraón la victoria como también un herida incurable. Los prisioneros fueron numerosos, y se entregaron como esclavos a los templos y una vez suprimido este peligro, estando seguro que su pueblo estaría a salvo; Ramsés finalmente se dejó vencer por el cansancio y el agónico dolor que le provocó la lanza que clavaron en su pecho.

Días después uno de los médicos del faraón confirmó su defunción y los preparativos para la ceremonia se llevaron a cabo. Un collar de escarabajos —símbolo de la juventud y vida eterna— fue colocado al rededor de su cuello e igual que todos los anteriores faraones fue momificado y enclaustrado en un sarcófago donde su cuerpo se mantendría joven por el resto de la eternidad.

Eternidad...

Para Ramsés tan solo fue un suspiro antes de encontrarse con la luz nuevamente sobre sus ojos, despertando perezoso de su milenario letargo. Lo único extraño es que no comprendía bien el porque se encontraba rodeado de hombres con batas blancas que lloraban de la emoción como si hubiesen conseguido un gran logro... Y es que así lo fue. En la época actual varios experimentos se llevan a cabo y en su mayoría respectivos a la vida o juventud eterna dada la negación del humano al aceptar su fin. Y Ramsés siendo la última momia de la dinastía y la mejor conservada; se había convertido en el conejillo de indias ideal para indagar sobre los misterios del antiguo Egipto y sus artes más ocultas.

Pronto las investigaciones realizadas por la familia Ittoshiki revelaron que aquello que podía traer a la vida a las momias eran los curiosos collares que yacían alrededor de sus cuellos. Era algo que los científicos no podían explicar con sus teorías pero sí con la suficiente sensibilidad y credulidad de lo que veían: un alma que regresó del más hallá a un cuerpo que, pese a poseer algunas heridas, estaba lo suficientemente integro como para soportar los experimentos que tiempo después vinieron.

Esos años dentro de los laboratorios sí que fueron eternos comparados a los siglos que estuvo descansando en paz, pues allí lo que menos había era tranquilidad y respeto. ¡Era un faraón por todos los cielos! ¿cómo demonios podían someterlo a tantos experimentos, cual más doloroso que el anterior? y todo solo porque se trataba de un muerto viviente, mas esto no significaba que no pudiese sentir igual que cualquier otra criatura. En parte estaba agradecido por la nueva oportunidad que le dieron de vivir y por eso nunca se quejó, manteniendo aquel perfil amable y encantador que lo caracterizo en sus tiempos de reinado. Sin embargo hubieron noches donde le habría encantado volver al confort de su sarcófago porque vivir así no era nada más y nada menos que un martirio. ¡Sí tan solo Ra escuchase sus plegarias!.

Y un buen día pareció que así fue. Tuvo la oportunidad perfecta para escapar de esa institución y no la desaprovechó. Huyó al centro de la ciudad donde todo era tan diferente, tan asombroso y tan peligroso para un ente ignorante como él, que apenas pudo disfrutar de un respiro cuando un par de sujetos lo secuestraron y llevaron ante su jefe que parecía tratarse de un rey poderoso —en realidad un mafioso italiano de alto nivel—, cual consideró la posibilidad de venderlo como esclavo —ya que ignoraba su verdadera naturaleza— en el mercado negro aunque nunca lo hizo, dado que igual que muchos, quedó encantado con la jovialidad y amabilidad que presentaba Ramsés, como también por su calma para la situación de peligro en cual se encontraba. En lugar de tasarlo, decidió ofrecerle un trabajo como mayordomo en su residencia y Ramsés no lo pensó dos veces. Aceptó el trato.

Así fue como por años sirvió al mafioso Leorio Gregoretti y a su hermana Vanessa. Ellos lo nombraron como Alphonse Knightley ya que era un indocumentado y les costaba creer que su verdadero nombre fuera igual al del afamado faraón que llevaba siglos de muerto. En fin, su estancia en aquella residencia fue duradera y agradable, prácticamente vio crecer a ambos jóvenes, convirtiéndose en personas exitosas dentro de ese submundo, aunque en más de una ocasión estuviese en desacuerdo con los procederes de su patrón cual, sí bien era cruel con muchos, con él y el resto de su familia se mostraba diferente y Ramsés supo apreciar los pequeños gestos, sintiéndose nuevamente parte de algo grande.

Lástima que nada dura para siempre y menos sí estas condenado a la vida eterna. Un día la mansión de los Gregoretti se incendió por culpa de un atentado de la familia Russo y su patrón igual que el resto de los componentes perecieron. Con gran pena en el corazón, él ahora apodado Alphonse se vio vagando una vez más por lugares desconocidos, intentando re-escribir las páginas de un libro que nunca pudo completar y para esto, aprovechando un día festivo que los humanos llamaban Halloween, decidió ingresar a un mercado de mascotas conocido como el Guilty Crimson. No tenía más opciones, después de todo era ignorante de como sobrevivir por su cuenta en esta época. Además ¿quién aceptaría a un ser de su naturaleza?.

Objetos personales:
— Un collar con medallón de escarabajo
— El bastón de ceremonia
— El parche que lleva puesto

Imágenes:
Spoiler:

Información del físico:
Dalim — Machi De Uwasa No Hakushaku-sama


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Alphonse.
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Re: Ramsés XI — Alphonse Knightley

Mensaje por Hibari Kyoya el Jue Oct 10, 2013 1:33 pm



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