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[ Cronología Johnny & Ericka ]

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[ Cronología Johnny & Ericka ]

Mensaje por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:05 pm









CRONOLOGÍA: JOHNNY & ERICKA
 



◥◣ ERICKA

Es una persona muy terca. Al conocerla, es la primera impresión que te da. Madura, en cierto sentido, pero terca en sus acciones ya que te contesta si tratas de darle órdenes o si te impones. Es bastante inteligente, por lo que regularmente trataría de corregirte cuando nota algún error o bien puede limitarse a opinar, no dudando en hacerlo en mal plan para burlarse si quiere. Lo curioso de ella es, sin embargo, el vocabulario que usa: muy correcta como si tratara de disimular un tono grosero y vulgar, pues le gustan los chistes y las connotaciones sexuales. Todavía comentando de su humor, es bastante morboso y le gusta reírse de las cosas crueles.

Sin embargo a pesar de todo eso, podría decirse que Ericka tiende a ser un personaje tipo “Héroe”. Cuando molestan a una persona que estima, da la cara por ella y se pone de su parte dispuesto a defenderlo. Es flexible a las situaciones, intenta cambiar y adaptarse a ellas ya sea de algún modo u otro, valiéndole más bien poco humillarse en el transcurso. Sobre todo es leal. Tal vez se burle contigo o de ti, pero jamás te traicionaría. Usualmente pondría su propia vida en peligro. Por eso es vulnerable a feas situaciones.


 




Coqueto, atrevido e intrépido. No niega su naturaleza de incubu, pues uno de los placeres más grandes de Johnny es el ligoteo y los resultado que este puede dar porque para él, el contacto físico es fundamental o siendo más precisos, el sexo. Gran parte de su vida se rige y se basa en actos carnales, mientras que el resto de la libertad, cayendo a veces más en el libertinaje. Pero si dejamos estos defectos a un lado, es un joven voluntarioso. Trabajar no es lo que más le guste pero le pone gran empeño, goza de muchísimas energías que ansiosamente quema día a día con la mejor predisposición. Cabe destacar que Johnny es amable, dado y extrovertido, no es clasista a la hora de hacer amigos y cualquier persona que lo trate bien recibirá lo mismo de su parte. Tampoco es de criticar las preferencias o gustos de otros, los deja ser del mismo modo que le gusta que lo dejen a él; en estos aspectos es de mente abierta, quizá por los años de experiencia o por su sangre que lo deja hundirse en el morbo, aceptando incluso lo insano. Pero como todos, tiene un límite y este comienza si una persona que aprecia, se ve afectada de este modo. Cuando le coge cariño emocional a alguien se vuelve sumamente paternal y receloso, procurando que el bienestar de quien considere como su "protegido", lo cual también es aplicable en el amor. Sí bien con desconocidos puede ser un completo casquivano; con el objeto de sus afectos será romántico, detallista e increíblemente leal, eso sí, lo pervertido jamás lo abandonará. Por último si hablamos de su carácter en general es bonachón, bromista y algo crédulo, al criarse en el campo no siempre espabila cuando le juegan una buena o mala pasada.







Última edición por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:09 pm, editado 1 vez
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Ericka~
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PARTE I

Mensaje por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:06 pm






PARTE I




◥◣ ERICKA

"Siendo extranjero, ¿qué documentos le permiten trabajar en el país?"

Ericka levantó la mirada de aquella solicitud de empleo, pensando que no poseía documento alguno. Sin embargo, no se le notaba a ella que fuera extranjera. Hasta estas alturas de su vida, había vivido ya en múltiples países, enfrentándose a múltiples idiomas.

Carecía de modismos. Carecía de costumbres. Como el animal que era y que tendía a imitar las cosas cosas de su alrededor, era igual si estaba en Japón, Singapur, Turquía, Francia o ese pequeño pueblo que nadie ubicaba en el mapa en alguna parte del estado de Kansas. Así que pasó de largo esa pregunta sabiendo que no era importante.

"¿Cómo considera su estado de salud actual?" una sonrisa encantadora se dibujó en el rostro de aquella mujer. ¿Qué erase salud? ¿La voluntad para seguir de pie? Mintiendo como todas las otras mentiras que hiciera desde el comienzo de semejante solicitud. Lo entregó al barman que erase el dueño de aquel desbalagado local en medio de la carretera y vio como le daba un simple vistazo.

Apenas parándose sobre su nombre para tratar de recordarlo.

— ¿Ya estoy contratada? — Empiezas hoy.

— Empiezas hoy —contestó el hombre dejando el papel a un lado, siendo buenas noticias para ella. Aunque no fuera un trabajo que quisiera, pero sabía que no tenía ese lujo de escoger.

Asintió mientras dirigía su mirada a una de las ventana que daban hacia la carretera. Lo bueno es que tendría algo que comer esa noche y algo de dinero para poder pagar el motel donde estaba quedándose, el cual estaba a pocos kilómetros rumbo al pueblo de Colby. Un lugar pequeño en el mapa con apenas 2000 mil habitantes.

— Muchacha —le llamó el barman de repente, pasándole un trapo—. Ve allá atrás por un delantal y limpias todas las mesas con esto.

— Sí, señor —solo deteniéndose cuando se encontró en el umbral de la cocina, entrando no sin cierto recelo el cual pronto se transformó en su innata curiosidad, no oliendo tan mal como usualmente las cocinas suelen oler. Notando al fondo al cocinero—. Hola. Me acaban de contratar como mesera y me ordenaron ir ponerme un delantal, ¿en dónde los tienen?






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

Había transcurrido dos semanas desde que el bribón de Frank McQueen intentó asaltar el bar. Las consecuencias del asalto fueron mínimas, no hubieron bajas ni faltó dinero en la caja pero el lugar quedó destrozado, gracias al único hombre que se atrevío a interponerse entre el cañón de hierro y el ladronzuelo. Muchos lo tacharon de ciudadano ejemplar, aunque sus verdaderas intenciones fueron la de conquistar una chica que terminó lanzándole el vodka a la cara cuando se percató que sus "hazañas" arrastraba a la madre de las torpezas. Y ahora estaba frente a una cocinilla en aquel bar de mala muerte porque propietario lo acusó de comenzar los disturbios. Oh vaya injusta que era la vida y desgraciado que era él.

Suspiró mientras preparaba los pedidos que iban desde sencillos sandwiches a más complejos, pues desde que él trabajaba allí, había mejorado la calidad de la cocina y es que se le daba excelente. Sin embargo lo aburría a morir, creyendo que ese día sería igual de monótono que otros, si no fuese por la presencia de aquella chica de rostro angelical y melena negra que enmarcaba sus pálidas pieles.

Los ojos casi se le saltan de las cuencas, y tuvo que pasarse la manga de la camiseta por la boca, para que no se notase la estela de saliva que tendió de sus labios. — ¿Delantal...? —Quedó colgado pensando, hasta que recordó donde los guardaban, pero antes de dárselo, se recostó contra la cocinilla y apoyo las manos en ella mientras le veía de lado— ¿Qué hace una nena como tu en un lugar como este? —Preguntó sin más, al mejor estilo Johnny Bravo [?].






◥◣ ERICKA

— Solicitando el puesto libre de mesara. Pasaba por aquí, necesitaba dinero y ya ves —con una simpática sonrisa mientras ponía brazos detrás de la espalda, sabiéndose evaluada. Hombres así, había en todas partes como para incomodarle a esas alturas—. Mi nombre es Ericka, ¿yo con quién tengo el gusto?






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Johnny, soy el chef de este lugar —Señaló el gorro blanco que llevaba sobre la cabeza, el cual no le sentaba en lo más mínimo, de hecho extrañaba su sombrero de vaquero— Imagino que ya has conocido a Geoffrey, el encargado —Torció una mueca al recordar el humor de perros de aquel sujeto— ¿Eres de por aquí? —Preguntó curioso tras alzar una ceja mientras le escudriñaba detrás de los negros cristales de sus gafas de sol— Porque no lo pareces, a pesar de no tener un distintivo, es simple corazonada —Y habilidad demoníaca, que le permitía la percepción.






◥◣ ERICKA

— ¿Tanto se me nota? Bueno, supongo que inevitable que alguien se de cuenta. Pero no, no soy de aquí. Solo estaré durante un tiempo en lo que me adapto y saco un poco con este empleo. Aunque si me lo permites... Tu tampoco pareces de estos lugares. Eres diferente al encargado y a cualquier otro cliente como los que están allá afuera —ojeando hacia el exterior. Iba oscureciendo, siendo cada vez más y más frecuentes las camionetas que poco a poco estaban estacionandose afuera del establecimiento—. ¿Se pone muy concurrido este lugar...? Digo, parece estar en medio de la nada...






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Mi consejo preciosa, es que estés tras la barra pasadas las doce, al menos que gustes de personas diez veces más descaradas que yo ~ —Comentó como sugerencia. Pasadas las doce solían caer los camioneros, unos verdaderos cerdos bulgares que espantaron a más de una camarera y por el otro lado teníamos a los motoqueros, aquellos preferían tomar lo que deseaban a la fuerza y montar un show. Así eran las noches en aquel bar, que para Johnny era algo habitual— Soy de Texas, así que estos son unos bebés para mi —Añadió con cierto presumo— Tampoco pareces muy humana que se diga, un cabello negro tan despampanante no puede ser mortal.






◥◣ ERICKA

— ¿Oh? —se volteó levemente interesada, mientras entrecerraba sus ojos. Semejante comentario no era simple casualidad—. Qué observador. No hay muchas criaturas que con el solo hecho de saludarte, sean capaces de "identificar" a uno. Supongo que a ti te sería familiar el dicho de "hacer pacto con el diablo", ¿verdad? Aunque sinceramente aprecio el aviso de los camioneros —de lo cual sí podría mostrarse preocupada. No porque no supiera que podría pasar; si no al contrario: era muy consiente en esa clase de escenarios. Al mirar abajo notó una tela blanca y se inclinó, sujetando el delantal—. Pero qué feos son —dijo mientras se lo ponía, haciendo un nudo una vez agarró los delgados extremos tras la espalda—. Para cuando termine mi turno, voy a querer pedirte un sandwish, cowboy.

Mientras doblaba el trapo y salía de la cocina para comenzar a limpiar antes de la prometedora y pesada noche que se avecinaba.

Y valga, que el cowboy no estaba equivocado.

Ese lugar era un agujero de mala muerte.

Había dicho que estaba acostumbrada a ese tipo de antros, pues trabajar como mesera en bares era uno de los trabajos más simples y viejos que hubiera tenido jamás.

Pero los ejercía en la ciudad. Hasta en escondrijos subterráneos en callejuelas del mercado negro. Pero ahí al menos, habían varias camareras en donde les pusieran el ojo, haciendo tolerable la situación. Era literalmente la única mujer en ese lugar y...

Tanta atención, era incómodo.

— Para la seis —dijo el barman entregandole una bandeja infestada de bebidas alcohólicas.

— ¡Oye nena, no te vayas! —exclamó uno de aquellos hombres de la mesa mientras la agarraba de la cintura y de un solo jalón la hacia sentarse sobre el muslo— Teniendo ya bastantes vasos encimas. No solo por detectar su aliento alcohólico, si no porque ya era la cuarta jarra que les servía al grupo—. ¡Quédate aquí, que mira que bonita eres! Ten, ¡bebe! ¡Bebe!






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

La cocina poseía un marco rectangular por el cual entregaba los pedidos. Afortunadamente para aquellas alturas las personas dejaban de demandar por los platos y se concentraban en las bebidas alcohólicas. Johnny era buen bebedor y tenía una resistencia excepcional, pero algunas caras lo superaban, al parecer los humanos se volvieron más tolerantes con el correr de los años. Apoyó el codo en el marco, la barbilla en la palma y observó atentamente el panorama. Otra que desistirá, pensó el vaquero al ver como el hombre la estaba cargoseando. Al principio con la levitud de las palabras, pero después presenció claramente como la mano del sujeto se deslizaba entre las piernas de la chica, esperando ir más lejos. Lo peor era que se trataba de un grupete de motoqueros, diferenciables por sus cadenas y camperas de cuero. Menuda suerte la suya.

¿Ayudarla o no?. La última vez que ayudó a una mujer no solo le fue pésimo, si no también que terminó en esta encrucijada. Pero dejarla no era correcto, como tampoco lo era liarse con los clientes. Vaya lío.

Se resolvió por tomar una cuchara. Sí, una cuchara de metal que lanzó con fuerza, directo a la sien de aquel hombre cual quedó noqueado enseguida. Se ocultó rápidamente tras el muro, riendo por lo bajo. Su puntería no se había deteriorado a pesar de los años que llevaba sin lanzar o disparar un arma.

La ventaja que se podía sacar de esto era las disputas entre pandillas que comenzaron a formarse. Creyendo los unos, que los otros fueron los primeros agresores en dar el paso. Oh sí, sería una noche movida, donde las palizas y las ambulancias correrían en menos de lo que canta un gallo. Para Johnny tan solo significaban un receso, que aprovechó para encender un cigarrillo y darle una larga calada.






◥◣ ERICKA

— ¡SI VAN A INICIAR UNA PELEA, SERA AFUERA! —exclamó el barman Greoffrey mientras le quitaba el seguro a una escopeta que tenia justo debajo de la barra y la cargaba, mas en plan amenazador que con verdaderas intenciones de disparar a alguien. Pero aquello era más que suficiente para prender más el fuego entre ellos, que con un empujón aventaron a uno de los motociclistas por afuera de las puertas, siento rápidamente seguido por los demás afuera donde el arena de pelea era mucho más amplio y permitía mejor público que comenzaron como perros y coyotes a provocarlos, lanzando gritos cuando la pelea entre dos hombres que representaban el grupo comenzaron a darse a puño limpio. Eran animales, que muchos otros camioneros se asomaban curiosos. Algunos seguían inmutables en su lugar, como si aquello fuera normal. Ericka, que en su entonces se había refugiado detrás de la barra cuando inició la pelea, se asomó. Greoffey guardó su arma, mirando apenas con pesar los vasos de cristal que habían alcanzado a romperse—. Esos perros como les gusta pelearse.

— ¿Cierran hasta las cinco? — Cuatro y media, pero para las cinco ya está todo despejado. Limpiarás hasta entonces. — Sí —mientras lo miraba alejarse para asomarse a ver la pelea aunque algo más discreto, esperando que no cometieran una estupidez aun mayor afuera de su establecimiento.

Ericka notó el cucharón de cocina tirado, pero solo logró verlo cuando caminó un poco obteniendo un mejor ángulo. Discretamente lo recogió para que el barman no lo notase.

Más tarde de lo que hubiese querido, estaba ya ella con una escoba y recogedor quitando todos los vidrios rotos. Levantar mesas. Acomodar sillas. Lo peor fue fregar el suelo dos veces con un pesado trapeador, para que no quedara nada de cristal, agradeciendo que los baños no le tocaban a ella si no a un muchacho que tenia un turno diurno, pero no pudo evitar taparse la nariz con asco cuando dejó en una pequeña puerta todos los productos de limpieza. Por un momento llegó a pensar que jamás iba a quitarse ese delantal. Pero lo hizo. Estando en la cocina mientras le doblaba con cuidado y lo dejaba en su sitio. Era una despedida temporal. Volvería a colocárselo unas horas después, a eso de las 8.






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

Las cositas siempre quedaban hecha un lío al finalizar el día. Greoffrey era un maldito tacaño que escatimaba en el persona y siquiera un asistente tenía que lo ayudase a lavar las montañas de platos que solo eran comparables con la torre Effele, o quiza con la de Pizza por la inclinación hacia un lado que tenían. Realmente tedioso, pero estaba obligado a hacerlo. Se colocó unos guantes de hule, sintiéndose peor que un criado cuando comenzó a fregar los trastes. Johnny no era el hombre más prolijo del mundo, pero cuando de comida se trataba —y el lugar donde se colocaba— se volvía realmente obsesivo, quitando hasta la última imperfección de la loza y los vasos, obteniendo que brillaran relucientes, ¡inclusive su reflejo se veía en ellos!.

Continúo con los anillos de la cocina, aquellos que se habían quemado y engrasado en el metal. Empleando una emponja de aluminio quedaron de maravillas y una vez que acabó con todo, se quitó ese maldito gorro para ponerse su sombrero de vaquero. Ahora se sentía él.

Cuando vio entrar a la muchacha que al parecer no lo había visto; caminó silenciosamente tras ella hasta quedar a una distancia corta, de solo tres pasos. Aprovechó para apoyar sus manos sobre los hombros ajenos, acercando los labios al oído de la jovencita para pronunciar un fuerte: — ¡BUUU! —No creí que se fuese a asustar, aunque si lo hacía, se iba a doblar de la risa. No obstante, dejó pronto esa actitud infantil para sonreírle de forma coqueta— ¿Tanto me extrañaste que has venido hasta aquí de nuevo ~?





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PARTE II

Mensaje por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:06 pm






PARTE II




◥◣ ERICKA

Se encogió un poco ante el sonido, cerrando uno de sus ojos en el transcurso. Miró sobre su hombro al vaquero, del cuan todavía sus pesquisas sobre qué raza sería. Tantas habidas en aquel mundo. Pero ante todo su conocimiento, podía deducir que se encontraría en un grupo muy selecto si es que su habilidad perceptiva era bastante desarrollada. Cualidad común entre demonios, shinigamis y cierta clase de felinos de gran e increíble olfato.

Entonces sacando de uno de los bolsillos del delantal, le mostró la cucharón de la discordia, como tan cariñosamente le había bautizado en su momento de inspiración.

— Para haber podido noquear a un hombre con tan solo un cucharón, debió de ser tremendo el golpe. Tienes buen tiro. Gracias por ayudarme. ¿Lo hacías muy seguido con las otras camareras?






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Antes de llegar a Kansas, viví en Texas como lo mencioné.. —Inició la conversación mientras caminaba entorno a la joven, hasta quedar frente a la cocinilla. Una vez más afirmó las manos sobre esta e hizo fuerza para subirse de un salto, quedando sentado delante de la joven cual observaba con una sonrisa en sus labios— Fueron años entre los tiros por culpa de los bandidos que solían arrimarse en la carretera. No solo ladrones, si no también psicopatas con severos trastornos mentales, hay historias muy tristes sobre ellos en mi ciudad. En realidad no se porque escogían Texas para abordar, pero intuyo que se debía a la tranquilidad del lugar y unas cuantas leyes que la diferenciaban de otros estados —Se giró sobre si mismo, alcanzando un plato que se mantenía cubierto por una servilleta. La retiró y debajo se revelaron un par de sandwiches de crema de choclo con jamón que había preparado en su tiempo libre— Dijiste que querías probar uno ¿verdad?. Tú dirás que tan bueno soy ~

Dirigió su siniestra hacia el bolsillo trasero de su pantalón, retirando una cajilla de cigarrillos Phillips Morris. Tomó uno entre los labios y lo encendió. Posteriormente le ofreció de la misma cajilla a la joven— ¿Fumas o eres abstemia? —Y aquella pregunta iba cargada con picardía y cierta dualidad— Al decir verdad no he ayudado a otras, pues cuando no pasan de mi cocina, las considero bastante molestas y fáciles —Recordando el sentenar de veces que habían entrado muchachas a su sector y se quedaban a coquetearle en vez de trabajar. Era un incubo y gustaba de aquello, pero en el interior le desagradaba que todo fuera de buenas primeras sin algo de rodeo. Era un vaquero después de todo.






◥◣ ERICKA

— Bueno. No será el cigarro lo que me mate así que... —contestándole con cierta gracia la proposición mientras agarraba uno de los cigarrillos y lo ponía en sus bolsillos con intención de saborearlo merecidamente después. No quería que se le mancillara el gusto para hacerle justicias a aquellos emparedados. Levantó una ceja, sorprendida. Aquella crema que hizo de maíz sabía bastante bien, pues no estaba fuerte ni muy condimentada. Lo que hacía relucir bastante bien los otros ingredientes. Ella, que era toda una exigente con la comida, se sorprendió degustando semejante delicia. Aquella sospecha que tuvo al principio apenas tocar la cocina. Ese sujeto era un chef. O si oficialmente no era uno, tenía las cualidades. Cocina limpia, no olía a rancio o a cloro en contra parte. El simple hecho de tener su área de trabajo despejada, pues toda la loza estaba lavada, eran indicios que lo delataran. Y se lo tomaba en serio, al mirar de soslayo la estufa que estaba recién lavada exenta de cochambre. Al ya estar por el segundo emparedado pensó que era agradable comer buena comida y que no hubiera tenido que cocinarla ella para obtenerla, para variar. — Ahora imagínate cómo sabría con pan de ajo —opinó limpiándose los dedos con la servilleta—. Pues con un cocinero así, me sorprende que solo hayan venido aquí a molestar. O a coquetear —aventuró, ya que atractivo y carismático, lo era. Y podía oler esa gallardearía propia de un "tipo conquistador". Por no decir pervertido y oportunista a las situaciones.

— Si la situación como la que pasó anoche es frecuente, no me sorprende por qué hayan tenido tantos problemas con las meseras como me contó el encargado —refiriéndose al barman—. Uff. Comer me hizo bien —se estiró casi como un gato—. Ahora mismo quiero ir a darme un baño y acostarme. Apenas llegué antier en la noche a este pueblo, y estoy segura que eso me ayudará a adaptarme mejor, aunque sea un poco. Aparte de bares de mala muerte, ¿hay lugares en donde divertirse en este pequeño rancho?






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Hay una "disco" a dos kilómetros de aquí, si no estás cansada aún, te la puedo enseñar en el camino. Mi casa está a veintiseis kilómetros —Y aunque la distancia fuese abrumadora, para Johnny era normal y rutinaria. Solía viajar en su motocicleta que alivianaba aquella hora que tenía entre ida y vuelta— Tengo una motocicleta, catorce cabellos de fuerza. Te puedo alcanzar a donde gustes muñeca —Y aunque no se apreciara por sus gafas; le guiñó el ojo. Luego caminó hacia el armario que yacía en la cocina, dejando la gorra del cheff junto al delantar por aquel día. Cuando travó el mueble, regresó la mirada hacia la muchacha— Ducharte aquí no es aconsejable, ¿vives muy lejos o estas empleando el hotel continuo?. Sí ninguno de estos es el caso, puedo invitarte a pasar la noche en mi casa~ —Claro que aquella proposición venía cargada de segundas intenciones que saltaban a la vista. Era cuestión de ver ¿aceptaría o debería barajar mejor sus cartas? no perdía nada con intentarlo y siempre tendría la excusa de tratarse de un mero gesto de amabilidad.






◥◣ ERICKA

Entrecerró su mirada justo antes de desviar que clavo en un punto indeterminado del suelo, cuando el sujeto aprovecho para dejar las cosas en aquel armario, pensativa. ¿Se trataría de un cliente? Por supuesto que sí, pensó con reproche hacia a sí misma después. Todos son clientes potenciales, en aquel turbio negocio. Y un cocinero de un bar local, no es la excepción. Sintiendo aquella necesidad de querer echarse aquel cigarro que tenía en el bolsillo pero se abstuvo, por el simple hecho de estar en una cocina y que en sí la ocasión no era la adecuada. Su estilo de vida, hacia mucho tiempo corrompido, era uno demandante y exigente, bastante acostumbrada a esas alturas a los malos viajes y peligros. Que han podido pasar o que ya han pasado. Sus intenciones, siempre fueron las mismas; con la diferencia de que pudo conseguir un "empleo secundario", al ver un ingreso de dinero como mesera de bar. Trabajar de noche ahí, para luego trabajar de día, aunque cansado, era lo que necesitaba hacer.

Es una forma de ganarse la vida. Una en la que venía ejerciendo desde que era una pequeña niña, después de todo. Con dificultad en recordar qué era de ella antes de aquellos recuerdos.

— En estos momentos me encuentro hospedada en el Lovellu's Motel —embozó una encantadora sonrisa, segura de que aquel hombre habrá entendido semejante indirecta. Un motel de paso, donde se tienen encuentro fortuitos con prostitutas. Aquello fue lo que investigó al llegar. No importaba dónde se encontrara: desde la ciudad más lujosa del mundo hasta un rancho olvidado en el mapa, siempre tienen sus sitios—. No me molesta dónde pueda tomar un baño, siempre y cuando pueda tomar uno.






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

Hubo algo en aquel diálogo que detuvo los labios del rubio, cual jugaba con el cigarrillo; también los músculos de su face se tensaron. No era la primera vez que se topaba con una dama de la noche, pero venga, sí era la primera vez que veía a una ejerciendo un oficio tan desagradable como el de mesera, pero que llegaría a darle lo suficiente para abandonar cualquier otro empleo bajo. El viejo Greoffrey no pagaba nada mal, después de todo eran los únicos dos al servicio, junto con el muchacho que atendía las cajas que era sobrino del barman, por ende, no le pagaba, era más un favor a la familia que otra cosa.

Dio una profunda calada en el cigarrillo, quedando pensativo y callado por un momento; hasta que alzó la siniestra para retirar el filtro y aventarlo a la basura una vez que había terminado.

— Ven conmigo entonces, te aseguro que mi casa es mucho mejor que ese motel —Dijo con cierta simpleza y un tono de ¿lástima?, hacía años que no sentía compasión por el prójimo o quizá era ¿curiosidad?, sí, seguramente se traba de eso, de querer saber su historia y cuál era su caso.— Es más, puedo ofrecerte una estadía permanente, hasta que encuentres tu propio hogar, sí eso es lo que deseas. Descuida, no te cobraré por eso, ni te tendré de cenicienta.






◥◣ ERICKA

Ericka soltó un suspiro, no pudiendo evitar sonreír ante lo tan simple (y hasta inocente) que se expresó aquel hombre ante la propuesta de su negocio. ¿Qué soledad es más solitaria que la desconfianza? Se sentó mejor, irguiéndose en la silla mientras le observaba tranquila. Es preciso considerar el pasado con respeto y el presente con desconfianza si se pretende asegurar el porvenir, eran enseñanzas básicas que una aprende en semejante oficio. Enseñanzas que se aprenden a la fuerza. Aprendiendo a decir cosas como, por ejemplo, que la desconfianza es la madre de la seguridad. En sus diecisiete años de oficio (tenia 24, y se recordaba de 7), que un extraño le tendiera tan buenas intenciones, no existían en su mundo.

— Gracias por la invitación, pero entonces tendré que rechazarla. No dudo que su casa sea mejor que el motel, pero tenga por seguro que en su casa jamás podría atender a ningún cliente —expresó con naturalidad y soltura como si hablase inclusive del pronóstico del clima, días soleados, calurosos y poco viento—. En realidad, lo que me preocupaba era precisamente mi segundo empleo aquí en el bar, que salvo por que necesité tu ayuda con ese cucharon, por lo demás todo salió bien. Era mi primera noche, de todas formas. Para hoy ya sabré como lidiarlos.






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— No he dicho que no puedes —Respondió con traquilidad mientras se colocaba la gabardina negra, semisdesprendida como acostumbraba— Entiendo que ha de sonar extraño incluso para ti, pero si lo veo con tanta calma es por mi naturaleza. Sí bien no cobro por lo que hago, en una noche soy capáz de levantar más personas que el mejor gigoló de esta ciudad, todo por placer —Sonrió levemente. Era sincero, demasiado sincero por culpa de su idiotes. Lamentablemente Johnny entraba en la categoría de rubio hueco para ciertas cosas, como medir los peligros de sus propisiciones y acciones, como aquella en cual dió un paso al frente, alargando su siniestra para posarla debajo del mentón antagonista, moviendo lentamente aquel semblante con el ejercicio oscilante de su muñeca. ¿Cuál era el fin?, observar las delicadas facciones de la dama. Era hermosa y una verdadera pena que tanta belleza se desperdiciara así— ¿Crees que con eso tendrás una pista de mi especie? —Preguntó con un aire burlón tras soltarla, llevándolo las manos a los bolsillos— Si lo dedujiste y aun así rechazas mi oferta, entonces aceptaré la tuya pero te pagaré ahora. No soy del estilo que se ensancha por tirar billetes sobre una cama destendida.






◥◣ ERICKA

— Eres... —silenció, mirando no sin poco recelo y profundo escudriño las palabras de él. Erase un ser espectral. Podrá apostar que de todos los seres espectrales, se trataría de un demonio. De un incubus, se atrevió a pensar. Una vez liberó su rostro se quedó ahí, mientras le miraba con mucho recelo—. Déjame ver si entendí bien... Estás diciendo que tu podrías traer clientes a tu propia casa, ¿para que esté con todos ellos? ¿O te refieres a que vaya contigo y todas las veces que estemos juntos vas a pagarme?






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Dicen que las aves no pueden atarse y que un pájaro enjaulado no canta con la misma voz —Comentó al aire, haciendo un rápido ademán para que olvidara aquellas palabras muy alusivas a la especie de la joven— Por eso mi casa estará abierta, para lo que desees —Se llevó la siniestra a la barbilla pensativo mientras se la frotaba— Ahora que lo pienso, suena bastante sospechoso ¿no lo crees? sin embargo, los motivos de mi ofrecimiento se deben a tu rostro. Eres hermosa Ericka, no te pareces a ninguna mujer que alla visto por estos lares y no quisiera perderte de vista tan fácilmente, por culpa de algún cliente que sea igual de insistente que yo.




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PARTE III

Mensaje por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:07 pm






PARTE III
 



◥◣ ERICKA

No era nada inusual que un cliente se encaprichara con alguien en particular. No era nada inusual, que varios hombres se hubiesen encaprichado con ella particularmente en aquellos años cuando trabajó en distintas casas de citas y burdeles.

Y desde su punto de vista, aquella invitación era exactamente eso.

Qué manera tan persuasiva de presentar la situación, casi viendo cómo se encontraba cariñosamente envuelto como un regalo, cerrado por un moño con listón. Por como lo explico, si sea eso lo que realmente quiso decir, o por equivocación de él o de ella lo había mal interpretado, lo que ofrecía ese hombre era que se fuera con ella, se quedase en su sitio donde podría traerle a quien quisiera durante tiempo indefinido. ¿No era eso un burdel? Él que tenía un sitio donde hacer negocio. Dijo que no iba a cobrarle nada, ¡pero cómo no iba a hacerlo! Ella ya estaba cansada de los prostíbulos. ¡De los burdeles! De tener un proxeneta, rufián, chulo, padrote, madrota, fiolo o como sea que se dijera en ese país. ¿Proveer servicios de protección? ¿Tener un centro de trabajo? No conocía al cowboy que estaba delante suyo, pero a sus ojos no era diferente a lo que acabara de pensar.

Ella ahora estaba independiente. Estaba harta de la violencia, del engaño, de la intimidación, explotación y otro tipo de desmanes.

Aunque estar independiente, si se pensaba por otro lado, erase todavía peor. Una completa estupidez. Sola. Seguridad nula. Un jeopardy como la ruleta rusa. Si pertenecer a un proxeneta, de por sí era arriesgado, carecer de este era multiplicar todos los riesgos tres o cuatro veces.
Pero alguien como ella, perteneciendo a un burdel, no tenía aspiraciones hacia ningún futuro. Y aunque ahora no estaba mejor, al menos tenía una incertidumbre que apostar para ese juego de todo o nada. Aunque claro, seguramente cualquier pensaría que si quería cambiar, ¿por qué seguía haciendo en esencia lo mismo? Como si tuviera muchas opciones que escoger. Ella una mascota sin amo y sin estudios, que solo ha tenido ese empleo en la vida, ¿por qué iba a hacer otra cosa cuando erase tan buena? O mejor dicho, era lo único que sabía hacer.

No. No podía aceptar la proposición de ese hombre. Además era un demonio, ¿qué le costaría estar endulzando sus palabras para traerla en aquella trampa? No debía aceptarla. No podría. Jamás.

— Temo que el que tendrá que aceptar la propuesta aquí seras tú —soltando una leve risa un tanto divertida—. Puedo conocer tu casa, pero seguiré quedándome en el Lovellu's —confirmó.



 



◥◣ JOHNNY CAMPBELL

La espera por la respuesta fue larga. Hubiera jurado que por la mente de la joven surcaban muchas ideas y podía prevenir el "no". Era de esperar, pensó el vaquero mientras se acariciaba el ala de su gran sombrero— Entonces te llevaré hasta el Lovellu's —Expuso con seguridad en su voz, comenzando a caminar a la salida.

Fuera de aquel bar de mala muerte estaba su "nena", la motocicleta con catorce caballos de fuerza que tanto adoraba y que evidentemente desentonaba con el ambiente. En perfecto estado, con el esmalta sin una sola ralladura y cada uno de sus caños de escape tan limpios que su imagen podía reflejarse en él. En la parte posterior de la motocicleta colgaba un casco que depositó en las manos de la pelinegra— Ten, yo no lo necesito —Y montó aquel vehículo, afirmando las manos en el acelerador y apenas la joven se subiría, arrancó la máquina a toda velocidad.

El viento arremetía con fuerza contra su rostro y de no ser por las gafas de sol, sus ojos se hubieran secado. Afrotunadamente su motocicleta no era nada ruidosa, a diferencia de otros motoqueros, él detestaba el escándalo que hacían los caños mal carburados para llamar la atención. Para Johnny la vida útil de la motocicleta era más importante que cualquier estúpida prueba de exhibición.

No tardaron más de quince minutos en llegar, después de todo el sitio no érase tan lejano y una vez que la joven se bajó, le tomó de su diestra, plantando un leve beso en el dorso de la mano— Ten buenas noches preciosa~ Sí en algún futuro aceptas la propuesta, puede que te acompañe más allá de la puerta, pero pagar por sexo va contra mi ideología, igual que tratar a las mujeres como simples casquivanas —Y aunque su vida se basase en sexo, Johnny no era ningún machista que se sintiese orgulloso de tirar los billetes sobre una cama destendida. Al revés, su sangre demoníaca lo colmaba dignidad, al punto que veía el sexo como una caza, que si se daba fácil se volvía aburrida.

Tras esa breve plática, volvió a encender los motores y abandonó el sitio, yendo directo a aquella remota casa en los kilómetros que nadie conocía.


 



◥◣ ERICKA

Qué sujeto tan extraño. Aunque un tanto ingenuo o inocente, como la sensación que le dio cuando el hombre le invitó a su casa, pensó Ericka mientras llevaba su mirada a la cocina mientras el encargado Geoffrey le servía una bandeja bien servida de diferentes tipos de bebidas combinadas; bebidas que harían morir a cualquiera como tan hermosamente tenia el vaso una calavera ahí mostrada. ¿Cuántas personas así había conocido antes? ¿Caballerosas? O mejor dicho, mucho más centradas y selectas, que poco apreciaban la idea de estar con una mujer de cabaret. Pues no pocas veces. Una vez conoció un señor y ella cuando se ofreció hasta darle sexo oral, lo que hizo el hombre fue darle el dinero sin ningún servicio aparte, le regaló un abrigó y le dejó en las puertas de su trabajo. Hasta le ofreció llevarla a un restaurante para platicar, cosa que rechazó. En otra ocasión al estar en el cuarto con un sujeto, este comenzó a llorar relatándole su vida. Asintió como hora y media, antes de retirarse. Geoffrey volvió a ponerle unas botellas más, para ir a entregarlas a las mesas. Una vez pasó algo divertido, y es que con unas compañeras fueron a un Burger King. Pero fue más de broma que otra cosa, como uno de esas noches extrañas donde no hay nada de trabajo pero que van en grupo para todas partes. La bandeja se vació ero volvió con unas jarras más. Una vez un niño se aventuró para ir a perder la virginidad, pero tenía catorce años. Catorce años ese plebe. No la perdió nada, pero durante toda una semana iba a darle flores. Nunca supo qué pasó con él. Simplemente dejó de venir. Pusieron en la bandeja una botella de tequila seco y un único vaso con mucho hielo, y se aventuró hasta una de las mesas más en el fondo para un hombre que disfrutaba de la soledad en aquella mansedumbre.

— Aquí está como ordenó —mientras dejaba el pedido con una sonrisa.

— Ven, quiero darte esto —mientras metía la mano en el bolsillo del pantalón para pesarle unos billetes.

— ¿Ya va a pagar la cuenta?

— No, esto es para usted. Desde ayer la he estado observando y estoy dispuesto a esperarte a cambio de esto.

Cuando se fijó, observó que le había deslizado en el bolsillo de su delantal aproximadamente 500 o 600 dolares.

Miró al hombre. Cierto. Él era uno de los pocos que ni se movió de su lugar en el bar cuando la batalla de los motociclistas se desarrolló afuera.

— Estoy trabajando —dijo mientras metía la mano en el bolsillo y se lo devolvía. Pero el hombre le paró discreto, no dejando que nunca lo sacase.

— Lo sé —dijo él, mientras sus ojos brillaban cual brillante carmesí—. Esperaré hasta que termines tu turno y después nos vamos, si sabes a lo que me refiero.

Por supuesto que había entendido. Y en una encrucijada de emociones, dejó el dinero en el bolsillo. Y sin más se volteó a continuar con su trabajo.

Por cómo le brillaron los ojos, ese hombre con ropa de camionero erase un demonio.

Eso era lo que tenía que hacer, ¿qué no? Entonces porqué se quedó ahí contemplativa cuando llegó ese momento donde nadie parecía ordenar nada, comenzando a mermar la gente que de poco en poco comenzaban a irse conforme se proseguía la madrugada.

"Es más, puedo ofrecerte una estadía permanente, hasta que encuentres tu propio hogar, sí eso es lo que deseas. Descuida, no te cobraré por eso, ni te tendré de cenicienta..."

¿Por qué recordó eso?

Miró discretamente hacia la cocina, sonriendo con algo de tristeza pero pensando que ahí no pasaba nada. No era nada personal. No tenía ningún compromiso que cumplir. Que lo usual y casi hasta correcto en aquella vida donde no puso las leyes, es que no tenía nada que con qué responder.

Hacer lazos con alguien como ella era simplemente algo que no debía de hacerse por cosas como las que estaba resuelta a hacer en ese momento. Igual, ¿qué podría pensar de ella? ¿Qué podría esperar de su persona? Nada, es la respuesta correcta. No debes de esperar absolutamente nada. Alguien más del montón; siendo simplemente alguien que no vale la pena pensar, porque está en su naturaleza que no tenga valor alguno.

Terminando de limpiar todo el lugar, se quitó el delantal y entró a la cocina, mientras miraba al cocinero que había saludado al principio de la ronda pero que por culpa del trabajo no pudo ir a visitarle por ser una noche particularmente activa, sobre todo al enfocar toda su atención en esquivar las manos que trataron más de un par de ocasiones el tocarle el trasero, y le sonrió muy amigable.

— Ya me iré. Me salió algo de improviso —mientras dejaba doblado el delantal y salía, con los billetes de su pago adelantado en el bolsillo de su mini falda de mezclilla—. Adiós —se despidió también del barman y de su sobrino, para encontrarse afuera del establecimiento donde todavía era oscuro. Eran como las 4:35 de la madrugada. Ahí estaba el hombre, el cual le esperaba recargado en el costado de un tráiler de carga.


— Sube —le dijo el hombre. Ericka suspiró. Como pudo subió, siendo algo complicado por sus tacones.

— Ya tengo una habitación, cerca de aquí.

El demonio le miró de soslayo, mientras se ponía el cinturón de seguridad.

— Yo también tengo un lugar —contestó él—. Iremos a él. Pagué lo suficiente para eso.

— ... De acuerdo —cerró la puerta.


 



◥◣ JOHNNY CAMPBELL

"Un nuevo día, un nuevo dolar" pensó el hombre de rubios cabellos que se acomodaba la gorra blanca sobre la cabeza, recogiendo aquella coleta de caballo con un nudo casero. Para desgracia de su vaguesa, tanto la tarde como la noche fueron caóticas, los pedidos no pararon de llegar en la cocina e ¡increíblemente se les antojaba algo más complejo!. Hacía semanas que nadie le pedía un buen plato de pasta o un atún sazonado y ahora todo caía junto. Al carecer de asistente se sentía cual pulpo, moviendo sus manos y envidiando a aquellos seres por tener ocho brazos.

Apenas tuvo tiempo de cruzar palabras con sus compañeros de oficio pero lo que más apenaba al vaquero era no poder conversar con aquella muchacha tan peculiar. Soltó un suspiro y cuando finalizó la primera tanda, encendió un cigarrillo. Las peleas habían comenzado y por lo menos mientras se daban de golpes, no comían.

Dio una profunda calada conforme observaba desde la ventanilla aquel panorama. Todos estaban en la bataola a excepción de un sujeto, claramente un demonio, pero de una naturaleza diferente a la suya, pues aparentemente iba a lo fácil y es que los billetes por más disimulado que fuesen, no pasaron desapercibidos por su ojo de halcón.

No era un hombre poseso, jamás lo había sido desde el fallecimiento de los humanos que lo adoptaron. Aprendió a no arraigarse a las personas y mucho menos a dejarse llevar por una simple emoción. No era frío ni amargo, al contrario gozaba de un buen humor, pero siempre se tomaba todo a la ligera, quitando la importancia que realmente merece.

O al menos siempre lo había hecho así.

Lo que vio no le gustó para nada. Conocía a los de su especie y sabía qué clase de pretensiones solían tener, igual que las suyas, nada sanas, pero otros rayaban límites indescriptibles hasta para un incubo. Deseos de intervenir no le faltaron, detestaba a los demonios como aquel, que buscaban lo fácil y seguro. Sin embargo ¿con qué derecho iba a decir algo?.

Ninguno. Por eso cuando finalizó el turno, se despidió de todos y fue a las afueras en busca de su "nena", para irse a la casa. Lamentablemente no pudo, porque no toleró lo que presenció. ¿En verdad se la llevaba en un camión como si fuese un animal...? y aunque fuese uno [un ave], ¿qué derecho le daba a ese idiota a hacerlo?. Lo embargó el coraje, sin duda, y movió el vehículo delante del camión, impidiendo el paso.

— ¡He amigo, no te has dado cuenta que...! —Intentó intervenir el sujeto cuando Johnny lo sujetó de la camiseta y lo arrojó fuera de la camisa, contra las puertas del bar, rompiendo las bisagras.

— Parece que no te han enseñado modales, pedazo de basura —Gruñó, colocando su pié debajo del cuello del hombre, presionando dicho y notando como el otro por el entumecimiento del primer golpe y la falta del aire, no podía colocar demasiada resistencia. Era una pose desfavorable para el desafortunado camionero que hubiese muerto de asfixia si no fuese porque Geoffrey tomó al rubio por debajo de los brazos, apartándolo.

El demonio fue asistido por su sobrino, el cual lo acompañó a la camioneta, esperando que se subiera en ella, encontrándose en el camino con la cuerva.

— Venga Ericka, necesitamos ayuda, sé que es mucho pedirte, ¿pero podrías quedarte?, te pagaremos las horas extras. Es que el estúpido de Johnny ha dejado el salón hecho un lío.
Y menuda suerte la del mencionado, a pocos días de cubrir lo que rompió en inicios, volvía a causar un desmadre.


 



◥◣ ERICKA

— Ahh... —¿pero qué diantres le pasaba a ese cocinero? Ni bien vio golpes y un estrellado en la puerta, se bajó casi de un salto y corrió hacia ellos, haciéndose para atrás cuando más astillas salieron por lo aires. Recordó el cucharón y como con tan "noble" arma dejó inconsciente a un hombre. Ahora que estaba contra un demonio, igual le dio su buen desarme, aunque seguía todavía bien para la pelea. Solo estaba muy mal ubicado.

Como sea, la fuerza del rubio era sorprendente. ¿Ella cuándo podría dar un golpe asó? Nunca.

Tenía trabajo, cierto. Pero en esos momentos irse con aquel sujeto, era prácticamente renunciar al que ya tenía. Así que le devolvió el dinero una vez ya estuviera de pie y cerca del camión.
Pero no se lo aceptó.

— Volveré más tarde —dejando el asunto pendiente, mientras se subía.

Mirando al camión irse, Ericka suspiró. No lucía muy amigable, pero cualquier intención que tuviera se vio interrumpida por ese final tal violento y al ver que ella no se iría por las circunstancias. El negocio se pospuso. "Para más tarde", dijo. Sabía dónde encontrarla.


 



◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Al parecer, luchar es un mal habito en ti Johnny —Dijo Anthón, el sobrino de Geoffrey que ponía un paño frío sobre la frente del demonio, como sí con eso lo pudiese calmar— Si sigues así, tu deuda será eterna aquí...

— La cocina no es tan mala como parece —Respondió seco, encendiendo un nuevo cigarrillo. Caló profundo hasta que la punta se encendió al rojo vivo y soltó el humo despacio, esperando que aquel pecho acelerado dejase de vibrar por la adrenalina— ¡Heh! Ericka cuando termines de limpiar, debo decirte algo

Dicho esto se dirigió a la cocina donde la iba a esperar, sentando sobre las mismas ornallas de siempre. La conversación que surgiría a continuación era bastante ajena a ambos dependientes, cosa que dedujeron porque ni se atrevieron a preguntar.


 



◥◣ ERICKA

— ¿Siempre es así con los clientes? —tanteó con el joven sobrino, el cual miró sospechoso hacia la cocina.

— Fue por una pelea el por qué se quedó aquí. ¿Ves esas ventanas? ¿Esa puerta del baño? ¿Esas dos mesas? Todo nuevo. Él lo destrozó todo.

— Debió de tener un motivo...

— ¿Quién sabe...? Se que hubo una camarera de por medio.

— ¿Camarera? —parpadeó—. ¿Qué pasó con ella?

— Quien sabe. Renunció al día siguiente.

— Vaya —ahora entiendo un poco más el por qué dijo que no ayudaba a meseras cuando tenían problemas. Por ayudar a una quedó desbalagado ahí, olvidado después por esta misma.
Quince minutos después y tener todo en orden, corroborando que la puerta era reparable con unas buenas herramientas, se internó a la cocina. Se asomó curiosa— Dice el encargado que la puerta solo está floja, pero que se arregla con destornillador. No pasó a mayores.


 



◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— De todos modos alargará la cuenta. Cuando aquel sujeto cayó, se rompieron las patas de algunas sillas —Comentó tranquilo, mientras observaba una de sus palmas envueltas por aquel guante de cuero— Que pena... —Apretó el puño y susodicho cuero rechinó— Tonto de mi que esperaba algo más digo... Debí suponer que alguien que contrata una prostituta iba a ser tan bueno en combate como en habilidades de conquista.

Esbozó una risa sarcástica y abandonó el asiento.

— ¿Cuánto fue Ericka?, ¿400, 500 o más? —Aunque por sus gafas no se notara, entornó la mirada al instante que movió rápidamente su izquierda para tomar la muñeca de la joven, sujetándola con fuerza— Oh, 600, se ve que en verdad tiene interés en ti, usualmente dan 200 o 300 —Dijo con la misma acides cuando sin permiso metió la mano en el bolsillo de la muchacha para ver la cantidad.
La soltó sin ser brusco y llevó las manos hacia el bolsillo de sus jeans para buscar la billetera.

La abrió y retiró nueve billetes de cien, tratándose de lo generado en las semanas y tal vez un poco más que venían de sus ahorros— Esto es más de lo que cualquiera te va a pagar. ¿Es lo que querías, verdad?. Quédatelos sí el dinero significa tanto para ti y ve con él, no soy nadie para cortar las alas de un pájaro —Los dejó sobre la mesilla y se dio la media vuelta— Pero me llena de pena que una chica tan joven como tu, caiga tan bajo. Siempre se puede encontrar una alternativa, recuerda eso.

Fue lo último que dijo, moviendo la mano en despedida. Finalmente pudo montar la motocicleta como lo quería y marcharse por la ruta pensativo.

Estaba mal que un demonio se preocupara por otras criaturas... Era un gran defecto en la raza. Quizá por eso sus verdaderos padres lo abandonasen desde la infancia y quizá por ello su situación no era más que deprimente.


 



◥◣ ERICKA

¿Por qué hizo eso? ¿Por qué le retuvo para que no se fuera con aquel otro? ¿Cómo es que se metía en una pelea por ella? Se quedó sentada en el frío piso de la cocina mientras juntaba sus rodillas contra el pecho y recargaba su frente ellas. Él no tenía derecho a decirle nada. "Tonto de mi que esperaba algo más digo...". Eso podría aplicarse tanto a ella como al cabrón que le ofreciera el dinero. Que por supuesto, era mucho a comparación con la tarifa normal. Mínimo el doble. Y si tenía maña racha, el triple.

¿Para qué le daba su dinero? No es que ella pudiera esperar nada mejor de sí misma, pero es que situaciones así eran bastante extrañas. Nadie se ponía a defenderle, como para saber qué decir al respecto.

Casi hasta pareció una despedida. Como si con ese dinero se despojara para siempre de ella. Una especie de punto sin retorno. Convirtiéndose mutuamente en extraños que coincidieran en un mismo lugar donde no tenían por qué involucrarse. ¿En serio sería una forma para abandonar algo que ni siquiera se ha tenido, pero que eliminaba todas las promesas de un "tal vez"...?

No pudo evitar sentirse mal y deprimida al respecto, evitando aquellos pensamientos que le obligaban a reconsiderar su vida. Aceptar las cosas sin cuestionárselas es mejor. Son un trago menos amargo. Un hecho con el que es fácil vivir. El dueño y su sobrino ya iban a cerrar para abrir más tarde alrededor de las seis (siendo actualmente las 5:50 de la mañana) pero ellos vivían hacia el otro lado, además iban a quedarse un poco más para reparar la puerta así que el aventón al hotel no le fue posible. Igual era temprano, hacia fresco y la carretera estaba despejada. Ya venía caminando un buen trayecto que en tacones erase pesado no soportando las ganas de quitarse los zapatos e ir a pie como algunos veinte minutos. Otros veinte más y estaría en su habitación.

Hubo un sonido y miró detrás suyo, donde un trailer se estacionó en el acotamiento. El conductor era aquel sujeto. Ella siguió caminando, dejándola atrás. Pero se detuvo, para mirar otra vez sobre su hombro. El camionero se había estacionado, esperando su decisión.

Que le dieran un respiro. Esa decisión no era nada fácil. Era un sentimiento injusto. Respiró muy profundo y le dio la espalda, siguiendo caminando.

Llegó un momento donde el camionero se había bajado y seguido un tremo del camino hasta llegar donde estaba ella. Qué insistente.

— Considere esto como disculpa de lo que pasó hace un momento —sacó los 600 dolares y se los entregó. El demonio ladeó su cabeza. Y sin más soltó una sonrisa.

— ¿Celoso el tipo, eh?

— Sinceramente no lo sé —mientras miraba hacia a un lado.

— Bueno... Si al menos el negoció se canceló, como suele pasar... Mínimo deja que te lleve en donde sea que estés.

— Puedo ir yo sola, sólo está a veinte minutos.

— Pero si voy de paso, ¿qué me cuesta dejarte? Vamos, es lo único que puedo hacer ya —mientras retomaba hacia su camión.

Dudó un instante, pero al final le siguió. Queriendo darse una ducha que sentía su cuerpo tenso, siendo más fácil para ella ahora subirse al asiendo de copiloto al no tener puesto los tacones.

Lo que pasó a continuación, se puede reducir en cuatro palabras: Ericka desapareció dos días.


///////////////////////////////


Si su cuerpo era cortado, la herida se cerraba. Si era golpeada, la hinchazón se disminuía. Si los moretones pintaban de negro y violácea la piel, este desaparecía. Sus ojos que estaban ciegos yacían entreabiertos, con una mente tan extraviada que poco a poco comenzaba a reaccionar, al igual que la claridez del alba que se extendía con toda su fuerza hasta el horizonte. Un cielo sucio, al igual que lo empañado de su visión, apenas vislumbrando borrones poco a poco.

El cuerpo moribundo había sido arrojado a la intemperie, con una cara desfigurada por los golpes. Los signos de los amarres que rasgaran las extremidades seguían encarnadas como si se hubiese sometido a un alambre de púas, pero extrañamente, aunque su pecho no estaba completo, respirar era una tarea que podía hacer cada vez mejor. Aunque doliese cada vez más.

Parpadeó, pero seguía sin ver bien. Entonces ladeó su cabeza y finalmente pudo presenciar el cielo con ambos ojos. Una tremenda inflamación sobre en la sien derecha era lo que oscurecía su visión, pero desde cierto ángulo donde no le tapaba podía ver. Casi sintió volver a dormirse. Quedándose inconsciente nuevamente, fue el frío de la mañana lo que volvió a reanimar su cuerpo el cual, valga decir, estaba congelado. Pero es que el mismo aire helado, era todavía más cálido que su piel. Duró así un instante donde poco a poco comenzó a tener movilidad de sus dedos. Y luego una de sus piernas. No sentía su boca, pero con mucha dificultad y poca coordinación, pudo colocar los dedos sobre sus labios, y se sentía bastante gracioso. Como cuando tocas un globo hinchado y regordete.
Y cuando finalmente pudo sentarse, mirando con vacío todo su entorno aún sin saber nada, fue cuando le llegó a la mente una cosa: sabía que algo no estaba bien, cuando el demonio había pasado de largo el Lovellu's Motel.

La parte trasera de ese trailer había sido un congelador. Con paredes gruesas y aislantes hasta de sonidos. Con su mente todavía aturdida se quedó muy quieta, mientras lograba sentarse mejor. Parecía estar en un páramo desolado donde no estaba nada a la vista, ni siquiera una carretera. Había montes y cordilleras de montaña muy en la lejanía, sin embargo. Cerca de ella no estaba nada, salvo un tacón roto, notando que el otro lo seguía teniendo puesto, y había jirones de ropa hechas añicos por todas partes. Cuando se miró contemplando su propia desnudes por tener la ropa abierta en dos finalmente lo recordó. Había sido violada y torturada, los días de ayer y antier.

Atrapada en el interior de aquel refrigerador. Y aunque no supo muy bien cómo, cuando creyó matarla a golpes, le tiró y se fue. Sin bolso. Sin dinero. Sin nada, solo le dejó morir y ya. Pero si se cortaba, su herida se cerraba. Los golpes desaparecían. Si estaba en el umbral de la muerte, cuando cual otro era seducido a cruzar la puerta, ella siempre se daba media vuelta y regresaba. Cualidad que tenía desde niña, en un cuerpo que no entendía mucho.
Situaciones como esa ya las había vivido antes. Una vez, para ser exacta.

Por eso en su oficio había perdido ya de más de una compañera. Nunca se explicaron cómo ella, que en promedio a veces les iba peor que aquellas desafortunadas, terminaba por no morir. No es que fuera inmune a la muerte, pero cuando se hablaban de heridas, ella tenia un umbral del dolor muy alto. Y se curaba bastante bien. Lo que cualquier compañera sufría en una semana, ella tan solo un día. Con su conciencia todavía aturdida se quedó ahí, inmóvil cuando en la lejanía los rayos del sol comenzaron a bañar su cuerpo.

Aunque no muriera por fuera, sí sentía algo morir por dentro. Y cuando tuvo la fuerza suficiente al rededor de hora y media después, se cerró el abrigó que tenía encima que era la única pieza sin romper de sus ropajes y caminó hacia el frente, sin realmente saber si esa era o no la dirección correcta. Tan sólo camino.

Al tiempo encontró la carretera.

Al tiempo después, caminó hacia el motel.

Y lo primero que le dijeron al llegar, era que por no llegar la noche anterior, su habitación ya había sido ocupada por alguien más. Y no habían habitaciones disponibles. Pero que el bolso de viaje se lo habían sacado y lo tenían ahí mismo en la recepción. Un suave puf, que contenía nada más un cambio de ropa y unas zapatillas. Y muy sutilmente le ofrecieron en cuarto de servicio, donde podría darse un baño. Para cuando llegó al sitio y cerrase la puerta tras ella, la hinchazón en la boca ya no estaba, y ya podía ver un poco más decente con su ojo derecho.

Y cuando fue la hora, estaba inclinada frente Geoffrey que le regañó enojado el cómo era posible que hubiera faltado los dos días anteriores. Que no la despedía, porque no había llegado nadie más a serle de mesero, pero que tenía ya el teléfono en mano por si hubiera tenido el atrevimiento de faltar por tercera y última vez. De castigo, se quedaría horas extras sin paga y sin recobrar el salario perdido mientras se encargaría de la limpieza completa de cada uno de los baños.

Ericka no hizo objeción alguna, para después llegar a la cocina y sin mirar a nadie, cogió el delantal y salió, haciendo mecánicamente la rutina de su oficio. Cuando cruzó delante de uno de los muebles de cristal observó su reflejo. La inflamación sobre el ojo había desaparecido, pero en su lugar estaba un morado en la nívea piel.

Y apenas tuvo su primer descanso, salió por la puerta posterior del local hacia el estacionamiento trasero, donde una sucia luz iluminaba la fría noche y se sentó sobre un cajón cercano, asfixiada de aquel ambiente tan infernal del interior. Al colocar su mano en el regazo sintió algo extraño. Dentro del delantal había un cigarro torcido... Ah. Ese cigarro que nunca se fumó, el que le dieron en la cocina. Removió con su pie donde el basurero y no tardó en encontrar una caja de fósforos. Tardó en encontrar uno en buen estado, sin embargo. Prendiéndolo de un solo movimiento contra la pared y dio una larga bocanada. Qué importara si se ahogaba así. Se quedó ahí fumando, mientras se sentaba sobre el cajón, con su rostro iluminado de vez en vez por la brillante braza que parecía iluminar todavía más que el foco que tenía encima suyo.


 



◥◣ JOHNNY CAMPBELL

Pasó la tarde observando la puerta, esperando que una silueta pasara por ella y cayó la noche, comprendiendo que no lo haría. ¿Qué sucedió Ericka?, pensaba para sus adentros sin recibir respuesta. Johnny se caracterizaba por ser radiante en el trabajo. Sería vago y un tanto fanfarrón, pero eso no le quitaba las energías con cuales preparaba cada platillo que según él eran una muestra de cariño por el prójimo. Al fin y al cabo, invertía su tiempo para consentir los estómagos de otros, siendo dedicado en la tarea. ¿Sí eso no era empatía, entonces qué lo era?. En cambio ese día estuvo cabizbajo mientras fritaba los espárragos. Anthón, quien fue a la cocina varias veces por la ausencia de la camarera, lo notó. Las primeras veces se lo cayó, pero cuando vio que sus labios estaban cada vez más ceñidos, lo escupió.

— ¿Qué te sucede Johnny? —Preguntó el muchacho de cabellos rojos, recargando su palma en la espalda del vaquero.

— Nada Anthón, ¿qué debería sucederme?.

— Generalmente cantas en la cocina y desafinas mucho —Bromeó con una amable sonrisa— Y hoy no lo has hecho. Pareces un petirrojo que acaba de ser abatido por un piedrazo de algún crío.

— Es curioso que me compares con un ave ahora, Anthón —Soltó un suspiro cuando la memoria de esa última charla volvió. Se encogió de hombros y reanudó: — ¡Pero venga hombre!, no te preocupes. Creo que me estoy por engripar, eso es todo —Lo rodeó por el cuello con el brazo y le hizo un leve coscorrón. Era imposible que Johnny viese a Anthon de otra forma que no fuese la de un hermano menor, quizá ese que nunca tuvo.

— ¡Ya, ya! está bien, entonces pon esas manos a trabajar que tenemos varias mesas que servir aún
Johnny solo sonrió como respuesta, acatando rápidamente la órden. Estaba acostumbrado a ser risueño, la mayor parte del tiempo lo era desde que tenía memoria, incluso en los peores momentos. Bromista, coqueto, fuerte, lanzado, entre muchos otros adjetivos que describían la personalidad bonachona y pícara que lo resaltaba entre tantos. Años de ser así, tantos que funcionaba automáticamente su defensa, para no darse el lujo de decaer por nada ni nadie. Continúo así hasta el segundo día.

Era probable que la muchacha hubiese renunciado. Después de todo ¿para que continuar de mesera sí la prostitución era más rápida, más fácil y se ganaba lo mismo que sudando ocho horas limpiando pisos en tan solo una noche?. Muchas preferían lo fácil y quizá aquella joven no fue la excepción. Meditó sobre ello todo el día, siempre había un detalle que lo llevaba a nuevos divagues que se entremezclaban con sus propias vivencias tan oscuras como la noche.

Y finalmente llegó el tercer día...

Cuando la vio entrar por la puerta de alegró. Cuando escuchó que volvería a trabajar algo en su interior brincó y pronto se calmó por los gritos de Geoffrey, rezongando a diestra y siniestra. En cuanto a Johnny, tan solo la saludó manteniendo la distancia al notar el moretón en su mejilla. Era un hombre de calle, podía deducir fácilmente lo sucedido, no en la magnitud que realmente lo fue, pero si alegando a la violencia. Por eso odiaba ese negocio y a la mayoría de demonios... Todo por ser más bajo que sus propios obrares que lo asquearon durante años.

Era la primera vez que no sabía cómo referirse a una mujer. No sabía cómo actuar ni que decir. ¿Quizá un "lo siento"? pero no sería demasiado convaleciente y triste?. Chasqueó la lengua molesto, tampoco podía quedarse callado haciendo el estúpido, igual que el resto de las personas con cientos de casos cotidianos referentes a la violencia. No quería ser una cifra más de aquel grupo estúpido.

Esperó la ocasión. Cuando ella salió al exterior la siguió retrasando un poco sus pasos y finalmente tomó asiento en el suelo, a los pies de la caja de metal— ¡Es una sorpresa que volvieras!, pensé que no lo harías por lo mal que paga Geoffrey —Bromeó mientras se quitaba el gorro blanco. Estaba en su pequeño receso antes del tiempo de la noche— Heh Ericka, sí necesitas ayuda con la limpieza, no dudes en decirme. Puedo echarte una mano, te habrás dado cuenta que me gustan los ambientes limpios y tu pareces cansada, muy cansada... —Insinúo con discreción y añadió: — ¿Te sigues alojando en el motel?, porque algunos camioneros comentaron que la "más hermosa de las mujeres" abandonó el lugar. Supuse que se trataba de ti, no se me viene otra a la cabeza que encaje con esa descripción.






Última edición por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:09 pm, editado 1 vez
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PARTE IV

Mensaje por Ericka~ el Mar Ago 27, 2013 5:08 pm






PARTE IV




◥◣ ERICKA

El cigarro duró menos tiempo de lo que le hubiera gustado, notando que estaba consumido y, casi tragicamente, le dejó caer donde los pies. Pisándolo sin misericordia alguna. Cuando quitó la zapatilla de encima no era nada más que una sucia, triste y acabada cotilla toda rota y arrugada en el fango, observándolo con un brilló vacío en sus ojos... Se acordó de algo... De una frase, que escuchara alguna vez de alguien. No se acordaba de quién. "Las cicatrices están ahí, para recordarnos que el pasado fue real"... Pero si sus cicatrices desaparecían sin dejar ningún tipo de rastros en aquella piel, ¿significaba que aquello no estaba permitido para ella? ¿No tenía derecho de recordarlo? ¿Fingir que no había pasado...? Suspiró, observando a ese hombre de soslayo. Ya era muy vieja como para que se cuestionara ese tipo de cosas, se dijo.

— Ahora que ya no tengo un cuarto que mantener, no me pesan las horas libres. Así que puedo hacer la limpieza sola, muchas gracias. Aunque si ese rumor que dices es cierto, me imagino por qué ocuparon mi habitación. No puede ver nada más nefasto que una nueva te quite la clientela, cuando ni siquiera es local.






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

Una vez más su mano se veía dentro del bolsillo de aquella gabardina negra para sacar una cajilla de cigarrillos, de la cual tomó uno y nuevamente le ofreció otro, por sí deseaba conservarlo como aquel que terminaba de fumar, que bien identificó como suyo.

— ¿Te darán una nueva habitación o buscarás otro motel? —Preguntó mientras formaba un techo con su izquierda, intentando que la brisa de la noche no apagara la llama débil de aquel encendedor que se esforzaba por prender el tabaco— Desapareciste dos días no solo de aquí, sino también de tu segunda profesión...

Dio una calada que llegó hasta el último rincón de sus pulmones y dejó que el humo saliera por sus narinas igual que un toro bramando, conforme sus labios permanecían sellados hasta agregar:

— ... ¿Te fue muy mal en el encuentro con aquel sujeto no?. Los demonios dejamos rastros residuales en los cuerpos de otras personas, cuando mantenemos contacto con ellas. La marca en tu mejilla puede ser indicio de un golpe, pero es extraño, dudo que un sujeto así se conformara con uno solo, luego de ser agredido y estar enardecido por lo mismo

Y en parte se sintió culpable por aquello. Quizá si no lo hubiese golpeado, el sujeto hubiese obrado más normal, dentro de la imagen mucho más leve que se hacía Johnny en la cabeza. Ignorando que fuese un psicópata homicida el infraganti.
— Mi propuesta sigue en pie Ericka. Aunque ahora entenderé que temas, es natural. De estar en tu lugar también lo haría, pero creo que podría darte una mano a salir de esto... —Se recostó contra la caja de metal, tirando la cabeza hacia atrás para observar el firmamento. Despejado, agradable, lástima que la conversación no lo fuese del mismo modo. Era enmarañada, confusa y turbia en varios puntos— No soy un héroe, ni soy la solución de tu vida. Solo una persona que siente empatía por casos como los tuyos, que se asemejan a los que viví hasta hace unos meses. Se que se puede salir de cualquier circulo y el tuyo no será una excepción.






◥◣ ERICKA

Aceptó el cigarrillo, pero ella halló la manera de encenderlo a su manera. Sacando otro de los fósforos que de un golpe secó encendió al hacer fricción sobre la caja donde estaba sentada. La llama fue fuerte, encendiendo el pitillo casi al instante. El humo lo retuvo en los pulmones. En su garganta. En el interior de la boca. Antes de dejarlo salir despacio. Eso le relajaba. Tal vez no fuera alcohólica, pero era de esas personas que se podrían acabar cajetillas enteras y adquirieran ansias de más. Aunque no se le notaba, como si el tabaco no tuviera efecto en ella. Pero bueno, tampoco el maltrato físico. Así que no tuviera señales visibles de su adicción no era nada que le quitase el sueño.

— ¿Que si me fue mal...? Digamos que no se puso muy contento cuando le dije no y le regresara su dinero... —comenzó a reírse. Una risa nerviosa. Carente de humor—. Pero después de lo que me hizo...

Agachó la mirada, aún con esa gran sonrisa dibujada en el rostro, mostrando los aperlados dientes.

— Lo único que me lamentó es que me haya quitado el dinero que me diste. Él no se lo merecía. Aunque creo que yo tampoco —ladeó su cabeza. Su rostro estaba inusitadamente tranquilo. Una calma tan irreal, como el que adquiere cuando está en aquel fino sendero peligrando por abandonarse a uno mismo—. Yo no creo en héroes ni soluciones de la vida. Eso déjaselo a las niñas pequeñas. A las niñas ingenuas, que piensan que mañana vendrá algo mejor. Que pueden salir de la porqueriza donde están hundidas. Pero...

Sacudió el cigarrillo, haciendo que las cenizas cayeran sobre la cotilla mancillada del suelo.

— Aunque suene extraño viniendo de alguien como yo... No deseo —se expresó lentamente— tener relaciones contigo. Con nadie. Creo que nunca en mi vida he deseado acostarme con nadie. Aunque suene una petición que no tengo el derecho de hacer, es mi única condición para ir a tu casa. Al menos el tiempo suficiente para ahorrar algo e irme.






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

Llevó la siniestra a sus labios cuando estos temblaron, tentados de soltar una carcajada. Lo intentó, contener el alborozo que le dieron sus palabras pero aun así terminó soltando la risotada. No era una situación para tomárselo con humor, pero la mala interpretación que le había dado a sus palabras era encantadora.

— Con que eso era —Pasó el índice por debajo de sus gafas [cuales ni en la noche se sacaba], retirando las lagrimillas que quisieron asomar frente a semejante cosquilleó— Por un momento pensé que otros podían ser los motivos —Ledeó el rostro para observarla desde su baja posición, obsequiándole una sonrisa que estaba tentada a volverse en risa nuevamente— Me has malinterpretado, aunque es lógico que entendieras eso —Y con un movimiento sutil de sus dedos, se deshizo de las cenizas del cigarrillo— Por el mismo principio que no pagaría por sexo, es que no me acostaría contigo mientras estés bajo mi techo —Se colocó en pie para sacudirse la gabardina e irse acomodando el ridículo gorro. A todo esto la media hora iba pasando y pronto debería volver al labor— Sí no sería lo mismo, ofrecerte algo a cambio de algo. No me gusta. Sí te lo propuse fue para que no estés en un mal ambiente, hasta que puedas acomodarte en un lugar mejor. Antes de venir a Kansas fui bailarín exótico en las vegas y se lo incómodo que puede llegar a ser, el no tener privacidad suficiente y el no poder dormir por las noches por culpa de los compañeros de piso —Aludiendo a los sonidos obscenos que solían salir de la garganta de muchos— La verdad no esperaba ni espero nada a cambio si decides venir conmigo. Solo la promesa de que intentarás mejorar por ti misma, me es suficiente. Venga, que sea un demonio no significa que goce de las penurias ajenas, lamentablemente del modo que me criaron, me prohibieron ese lujo tan frívolo y ventajoso en esta vida.






◥◣ ERICKA

— Es la primera vez que oigo a un demonio presumir que tiene un espíritu humano —aunque los humanos tenían, tal vez, un alma todavía más negra que un demonio.
sigo)

El que se acomodara el sombrero, le recordó que ella también tenía cosas que hacer. Acabándose el cigarro con apenas una chupada más, para deshacerse de el en el suelo y se acomodó con lentitud su ropa, mientras abría la puerta. Quedándose en el marco de esta.

— Bien. Iré contigo.






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— Entonces luego del trabajo iremos en mi "nena". Espero no te de miedo sobrepasar los 160km/h, de lo contrario nos llevará mucho llegar —Le siguió en pasos pero igual que ella, se detuvo en aquel marco, apoyando la palma aun lado del rostro de la muchacha.

Finalmente se quitó las gafas que ocultaban unos poderoso orbes violetas y le observó con aquella sonrisa amable que se bailoteaba sobre sus labios.

— Me alegra que tomaras esa decisión Ericka, me refiero a rechazar su dinero. Jamás sabré que sucedió exactamente pero puedo suponerlo, aun así... —Se apartó, llevando ambas manos detrás de su cabeza, recargándola en estas— Sí dejas el segundo oficio, te aseguro que ningún otro idiota te volverá a tocar un pelo. Como lo habrás notado, no son tan amistoso con los hombres que como contigo —Y se dio la vuelta para volver a su cocinilla pero no sin antes decir: — Hablemos en la noche, espero que mi hogar te guste, es bastante humilde, pero está limpio, te lo aseguro.






◥◣ ERICKA

Modesto y limpio. Justo como había dicho, aquel sitio era modesto y limpio. Conforme entraba, cada vez podía imaginarse cada vez más al demonio invirtiendo todo su dinero en la Harley. Era fácil mantener limpia una casa como esa al no tener nada. Salvo un sencillo sillón frente a un televisor barato y pequeño. Al fondo, una silla y una mesa de plástico.

Aunque hubiese querido, no podía captar nada más. Se encontraba muy cansada. No había dormido prácticamente desde hace tres días. Tampoco comido. Pero su cansancio podía más que el hambre, amortiguado por el tabaco. Sólo que no le agradaba la idea de acostarse así como estaba.

— ¿Dónde me podría dar un baño?






◥◣ JOHNNY CAMPBELL

— La ducha está al final del pasillo a mano izquierda. Siéntete como en tu casa y usa lo que necesites. Eso sí, no tengo acondicionador pero puedo ir por uno a la tienda si necesitas —Respondió el rubio que entraba con la maleta de la muchacha, dejándola al lado del sofá. Luego se dirigió a la cocina observando la lacena. Intuía que luego de las malas noches, la muchacha estaría hambrienta, por lo cual se puso manos a la obra, cobrando tan solo veinte minutos de su tiempo, el preparar una torta de jamón y queso que puso al horno. A fuego moderado la cocción llegó quince minutos más y al terminar la sirvió en tozos pequeños en un plato que llevó a la mesa— Puedes comer todo lo que quieras y si quieres más te prepararé. Puedes dormir en la cama, yo dormiré en el sofá hasta que compre algún sobre de dormir que de paso me quedará para campamentos.







◥◣ ERICKA

En lo que él cocinaba se entretuvo en caminar hacia la habitación donde dijo que dormiría, pareciéndose un tanto mal de su parte el no hacer objeción alguna como invasora. Pero suficientemente estaba acostumbrada a camas ajenas. No le daba ningún sentimiento quedarse ahí. Solo eran circunstancias diferentes.

— Tengo acondicionador aquí —siendo las muestras que daban en los hoteles. Siempre que estaba en una habitación robaba cualquier ese tipo de cosas. Jabones. Bolsitas de shampoo y acondicionadores. Aguas embotelladas. Hasta tenía una toalla con un bordado grabado en una esquina con iniciales de un sitio que ya no ubicaba bien entre tantos. Sin contar cepillos y secadores de pelo...

Sintió debilidad en la regadera. El agua hirviendo le quemaba el lomo en una sensación comparable a miles piquetes de alfiler que se encarnaba vivamente como el sarpullido.
Pero era un dolor placentero. Que se dejó embriagar hasta que el agua caliente iba mermándose hasta desaparecer. Sintió tibieza. Y luego frío. El agua helada le rodeo casi con una sensación tan irreal que terminó sentándose en el piso y apoyó su cabeza contra la pared. Era ese intimo sentimiento en querer no ser consciente del tiempo. El quedarse ahí, sentada. Tranquila. Y nada más. Lamentando en el fondo de su alma el cerrar la llave.

Ya no tenía cambios de ropa, pensó mientras se secaba con la toalla. Se sentó en la orilla de la cama pensando en sí debería de ponérsela, pies bien podría lavarla mañana. Pero le dio tanta pereza. Igual tenía hambre y podía oler aquello que estuviera allá afuera en la mesa. Se recostó de lado tan solo con la toalla puesta, todavía dormitando tras el efecto de la ducha que sin darse cuenta se quedó ahí, profundamente dormida.





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Re: [ Cronología Johnny & Ericka ]

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